lunes, 12 de mayo de 2008

razones sinsentidos

Le gustaban las frases ingeniosas, la unión de vocablos sin sentido ni orden, armarla a golpes de acento y descubrir: un lenguaje inexistente que sólo algunos podían seguir, esbozando así la más sincera de las sonrisas. ¿Por qué? La respuesta requiere su idioma, un placer más allá de un orgasmo, unas piernas bonitas.
No estoy segura, lo perdí de vista, olía a menta y a ron, en el plagio de una mirada, la suya, atracando yo, me fui, durante días, pasos, personas, oficinas, busqué y me dieron pastilla de consomé en lugar de polen, me dieron por detrás, por delante, me violaron, desprendieron mi nombre de los epitafios de golfas y me quedé sola anhelando la estrofa corta e insomne.No soy la misma, ¿y quién coño era él? Un jugador sin cabeza, envido rufián y que me lleve la demencia a aquel lugar donde había un banco y una chica escondiendo la cabeza y las lágrimas, las personas pasaban, miraban, susurraban y el mundo era sólo una cosa, triste cosa, sola y mágica.
¿Cómo coño se explica aquello que solo se siente?Calla, cállate, en el silencio canalla nos haremos fuertes.No quiere penas, ella no las quiere, entonces, maldita cállame, tengo una triste historia, llámale cosa, acantilado, síndrome de abstinencia, prosa.
¿Como sería volver a las palabras impregnadas de sentido y esperanza que hiciera nuestras vidas mejores?Princesa, tomo el relevo, la forma y te llevo conmigo, no digas que esto es un encierro al olvido, un retroceso, no me dibujes las llagas, que pretendo que quiero darte ganas, ilusiones, falacias. Él se ha ido, yo me fui, no pudo ser, no lo sé, no sé que nos propusimos antes de nacer, de sufrir y buscarnos las razones para estar aquí.Mírame, en este empeño, caminando recto, ajam, eso creía yo, que no se me han escapado los verbos de la ilusión. Dentro, haciendo hincapié, me quedo con la lata de conservas que me salva de un día de niebla, cuando tú no quieres, cuando no quiero yo.
Poeta, disculpa el asalto, si no fuera por un recuerdo, no tendría ni una puta gana de vérmelas aquí y joderte con las mismas armas.
Poesía
ay poesía
no se te ocurra partir sin los acordes que te ofrezco
sin los versos sin los llantos
ni se te ocurra dejarme sola frente a estos cuerdos.

lunes, 28 de abril de 2008

partidas

No me digas que vienes, que yo me voy a ir
aporreando las teclas
de acá a un mundo carmesí,
sino me consume la rabia
este velo
la espera,
que sea todo de repente:
En todos los segundos
y en todas las visiones.

No te acerques, que no puedo quedarme
sin morderme las uñas
sin gesticular demasiado
sin camuflaje.

Tengo un puñado de semillas que voy a tirar al aire
cuidaré que caigan en lugar fértil
y me dedicaré a ver como cambian
y cambian las estaciones.
Acaba abril, tiene nombre de chico guapo
volverá dentro de 11meses,
espero estar vestida para la ocasión y
que nos follemos el resto de los meses.

Déjate llevar por la senda de la vida.

Que no pienso quedarme
si no es aquí donde me late el corazón.

Son las heridas las que necesitan partir…

Medio loca medio esquizofrénica
medio mí,
que lo diga la última brisa
que sean las pupilas
una copa tirada
que me has visto partir.

Con la luna airada
de tanto derroche
me desnudo a horcajadas
y te dejo canciones.

Que se va la poesía y por la misma puerta me voy a ir.

lunes, 14 de abril de 2008

pena


Lleisa, una chica audaz

Lleisa, estaba apenada, las lágrimas inundando los ojos no le dejaban ver su camino pero sus piernas se movían con entereza y rigor. Menos de cinco horas eran las que llevaba fuera del iglú buscando a su perro, él no estaba agazapado ante su casa de hielo, era la primera noche, que recordará que no estaba allí en dieciséis años, la misma edad de la niña. El perro fue el regalo de papá, porque aquel había visto la luz el día que lo hacía Lleisa. Este acontecimiento en el seno de la comunidad de unos pocos igloos fue acogido como una señal y los dos debían permanecer juntos. La joven al despertarse y no percibir la sombra de su guardián se asustó, algo había sucedido, lo sabía y tardó en pensar en algo más que en tomar una cantimplora, unos trozos de carne seca, un paquete de veinte cerillas, sus padres dormían y fuera no había luz, atravesó la puerta y se fue caminando abrigada con su piel de oso por esa Siberia profunda y con el destino de los pasos en la mano de la intuición. Se asombro envuelta en una bruma constante de no dejar una nota o algún signo del motivo de su partida, su padre creería que se había marchado con Kizu, instantáneamente su valentía se transformó en tristeza, pero no dudó y no cesó su búsqueda. Las imágenes de Kizu eran lo único que rondaba por su cerebro. Andaba, helada de frío, con un deseo y con la esperanza aplacando la nostalgia, perdiendo el miedo a perder. Tres días, cuatro, y las provisiones se estaban agotando, no le quedaba comida, eso que la había racionado, con cinco cerillas y todo el agua que pudiese alcanzar con los ojos, sin nada con que alimentarse no podría seguir tampoco podría volver sin él, podría morir, era terca y aunque no quería pensar en estas cosas, el silencio la obligaba y se repetía “sola nunca” Pero el destino de Lleisa y su arrojo atraían a la suerte de su parte y a lo lejos logró adivinar una silueta de alguien alto y fornido, mientras se acercaba obtenía la total certeza de que allí donde nunca había nadie un hombre estaba frente a ella, y quizá pudiese ayudarla. El caminante, la observo con gesto preocupado mientras algunos mechones rubios salían de su gorro negro y cuando estaban tan cerca como para tenderse la mano el hablo, la preguntó por el motivo de encontrarse ella sola tan cerca de ninguna parte y con esa cara de extrema fatiga con la que la costaba sonreír, lo hacía mientras le informaba de la desaparición de su perro. Pronto dejaron de mover los labios y se sentaron permaneciendo eclipsados durante más de un par de horas, sin embargo ella alcanzó a saber con el escaso nivel de ingles de un año de clases, antes de dejar el instituto, que era un fotógrafo contratado por el Nacional geografía para inmortalizar la belleza de Siberia. El encuentro fue mágico, no solo porque se sentía recién comida y completamente descansada con el cobijo del frío hielo bajo sus nalgas, sino porque se había enamorado y no era joven para saberlo. Ambos aligeraron la carga de la soledad, con el sonido de otra respiración y con el lenguaje que sale del alma. Por eso al unísono se levantaron y pa rieron a su destino, por distintos senderos sin echar la vista atrás. A estas alturas de su viaje sabía que no era una despedida, sólo un hasta pronto. La chiquilla veloz y ágil como un lobo entendía que Kizú la aguardaba en alguna parte más allá y que debía continuar. En el reflejo del hielo después de cumplir diecisiete años, no tenía la certeza del día en concreto, entre tanta bruma acuosa no sabía cuando era de día y de noche, pero su madre ya había comprado el regalo, lo había visto bajo unas pieles y si no recordaba mal faltaban tres días para cumplirlos el día que se fue y parecía haber pasado más de una semana, al mirarse en el reflejo percibía un resplandor y la mirada de una autentica mujer, y Kizu la había regalado esa parte. Atípico y agradable para su corazón como saludable para sus ideas mentales eran todas esas brisas de esperanza que surgían tras conocer a un fotógrafo americano y chapurrear ingles. La rutina de su iglú se desvanecía de su cabeza y cada segundo quería con más fuerzas encontrar al motivo de hallarse allí. Pasaron los días, las semanas, como una cazadora son el instinto de supervivencia a flor de piel Lleisa aprendió en ese austero lugar a mantenerse con vida, a cazar ratones y pequeños peces que se escondían por los agujeros, pero las cerillas se acabaron y le costaba tanto comer el décimo ratón crudo como el primero, su padre estaría fumando de la pipa junto al fuego y su madre cocinando alguna liebre que el habría traído, esto la hacía sentirse triste, pero sacaba las fuerzas de algún lado para seguir, por eso a los dos meses de búsqueda, su cuerpo delgado ahora flaqueaba y sin ser consciente se desvaneció, calló bruscamente al suelo y perdió el conocimiento. En condiciones normales esto era la muerte, pero su suerte no era esa y un indio cargo con ella en la espalda hasta posarla dentro de un lecho de pieles dentro de una cueva de piedra. Ella soñó, con Kizú, y al despertar creía estar aún dormida al no ver la bruma sobre ella sino la roca caliza y el calor de una hoguera que era alimentada por un viejo indio ataviado con un dándole la espalda. Esa figura no transmitía miedo era como el calor de esa hoguera era volver en casa. La tundra siberiana era ya algo familiar y todo lo que pasaba en ella y tan inusuales sus recuerdos en casa con sus padres, por eso el indio era ya un amigo, su sola presencia en aquel lugar le convertía en eso y le hizo saber con la voz ronca y hablando despacio que él estaba al corriente de su misión y le obsequió con una bolsita de cuero anudada con una cuerda y que Lleisa desató, en el interior había un puñado de hojas rojas que el indio no denomino pero la explicó que proporcionaban cura al hambre y al frío, debía chuparlas para cubrir estas necesidades pero una vez se volviesen amarillas, la hoja vacía de propiedades debía ser tirada a algún lugar con algo de vegetación,”así la estarás dando las gracias ayudándola a ser otra cosa” La miró dando una última calada a la pipa para apagarla después con hielo, introducirla en el bolsillo y marcharse. Era todo un ritual observar a aquel indio que no parecía de carne y hueso sino espíritu, Lleisa se quedó un rato inhalando el rastro de humo que él dejó, desconcertada, “¿qué misión?” hubiera preguntado si hubiese tenido la capacidad de hablar a disposición, ¿era Kizú acaso su misión?, o era otra cosa que arrastraba el viento frente a su cara cada día que cansada iba en busca de aquél. Un año fuera de casa, más o menos, había sido de día, un día oscuro, pero al fin y al cabo de día y había visto muchos más animales que en invierno y se había sentido menos sola y aquel era el día, de invierno otra vez, que tiraba la última hoja, la última hoja amarilla, pero veía lobos y no la atacaban y ellos y ella demostraban que lo que tenía frente así era algo real y no un delirio. Lleisa seguía soñando con su perro, que la hacía olvidar el frío, con los ojos medio cerrados, pensaba en sus recuerdos de antes de verlo todo del mismo color, de cuando era niña, en su cumpleaños, ¿tendría dieciocho ya? Abstraída le costó descubrir frente a ella a un gran oso blanco, a un metro que la analizó de arriba abajo, una mirada inteligente y desapareció con tanta rapidez como había aparecido y ella no vio por donde se fue, da igual, la había dejado esa bestia, algo tan raro, el conocimiento, y oyó hablar a dos pájaros que sobrevolaban su cabeza, al hielo le notó sentir mientras crujía y ella se sintió capaz de traspasar océanos con solo quererlo. La razón no tenía cabida frente a la vida misma y se debe creer en otras cosas. Recordó que ya le enseñaron sin decírselo el americano y el indio, sólo que no estaba preparada para entender. Caminaba, tenían un destino fijado cada paso alante, cada paso más, caminaba y sobrevivía a las ventiscas, al frío, al miedo, a la soledad con ayuda de una fuerza invisible que salía de ella pero que antes no había notado, no dejo de andar hasta que alcanzó el lugar y no lo sabía e iba a hacerse un hobillo y dormir cuando un paraje de vegetación y una cascada aparecieron ante si. Tras la cascada, allí había algo, una poderosa luz que no sabía si era real o solo una imaginación, el lugar poseía una gran belleza, no desvió la atención de la cascada y la luz la mostró poco a poco una silueta que reconocía, el americano salió por fin de la cascada y confesó sin mover músculo alguno que no dejaría de acompañarla durante su existencia, para protegerla y aprender juntos a brillar como una estrella. Alguien más salía de la cascada, la cabeza del indio detrás del americano y él la contó que era su fuerza, esa que le había permitido aguantar y no herirse con los muchos diablos que acechaban su misión y querían desbaratarla, pero ella había triunfado, entendía todo, y el oso blanco salio aguantándose en las patas trasera y delanteras en alza para sobrepasar la altura del indio y decirla que su alma era guerrera porque había luchado contra todos sus propios miedos y conseguido la victoria. Lleisa miraba a aquella cascada, el americano, el indio más alto y el oso erguido, recubiertos de luz y no pudo creer o le costo lo que vino tras esta imagen, pues al lado de estos tres un perrito blanco y gris ladraba feliz. Corrió al verle salir y en aquel microclima le abrazo con todas sus fuerzas, el la calmo, su pelo la calmo, sus ladridos, sus ojillos sabios y el perro pareció decir: “yo era tu guía, nací para serlo y hoy has acabado tu viaje, puedes volver a casa”

empezar otra vez

En una época, un lugar, el silencio hizo aposento y un chico llamado Jose no hablaba con una chica llamada Lola, no es que él quisiera dañarla, ella iba de puntillas a través de él poco espacio, no queriendo introducir ni un aliento triste entre ellos dos, Jose dejaba la chusta en el cenicero, y el silencio que inundaba la habitación no es el fruto de un instante, y toda la vida con descorazón no sé explica más que con nada. El cuerpo de Lola peleando como una bestia y el alma encerrada en afonía. El no había terminado su película y ella era una musa fracasada, y con el poquito a poco, con los besos, los enojos tropezaban en el mismo camino y decidían sin decidir seguir unidos. El pensamiento convencido y estúpido de dos personitas que creían que así el mundo sería mejor, y dicen algunos que es así como empiezan las revoluciones. Vagabundos, no es que ella quisiera ser musa o el quisiera hacer películas, era su forma de decir revíveme por favor en cada una de tus imágenes y los dos de par en par desplegaban sus ojos. Observándola desnuda mientras ella miraba por la ventana, desentrañaban un enigma y no quisieron creer que algún día desviarían sus miradas. Lola se giraba y él era feliz, en los días grises de invierno, en las ojeras, en abril, pero las musas se vuelven muy caprichosas y los destinos desconcertantes, Jose agachaba los hombros y cerraba las manos pues había un camino inviable por el que ella se deslizaba. Locura, presa locura que durante un tiempo fue orgasmo, desenfreno y descaro: “Pásame ese porro y dame ese gramo que lo reparto entre todos los jirones de tu cuerpo. Me veo vida en un firmamento y luego en una habitación donde uno más uno no son dos sino uno y uno, tragedia… Te debo todo, ¿me haces un plan? Sí me marcho… ¿Querrás verme otra vez y mejor?” Las cosas suceden en una época y los corazones se vienen a encharcar y las siluetas de los enamorados por las calles se tornan insoportables, complejas e inexplicable que tanta felicidad infrinja tanto daño. El gato se escapó mientras tú te quedabas dormido. Las cosas amargas entran poquito a poco en el paladar por la incapacidad de afrontarlo, Jose y Lola sumergidos en una mentira sincera, cruda, inviolable, “se ofrece musa, se ofrece director de películas” “Si no sales por la puerta no sé que va a quedarnos” Las manos de Lola cubriéndose el rostro, extendidas, los pies fríos con los dedos encogidos, Jose fumándose otro porro, absorto en un corazón hecho coraza, hace tiempo que no la habla y a ella le retumba cada eco, ausencia, que él se ha empeñado en representar. Le mira, vuelven a pesarle los hombros, camina de puntillas hacia las chanclas que recoge del armario, le mira, fuma sin mirarla aunque ella sepa que la observa con otros sentidos, se pone las chanclas y los sor que están tirados sobre la cama, haciendo una radiografía de cada cosa, con una extraña nostalgia, localiza su bolso bajo el edredón y vuelve a mirarle con el gran bolso, en el que lleva desde cepillos de dientes de usar y tirar como una botella de whisky, cargada con él se dirige a la puerta, menos silenciosa, nota cada una de sus pisadas. -Lola… -dice él que se ha girado para mirarla desde el sofá. -Olvídalo, olvídalo todo por un tiempo, que estuve aquí, que hubo un incendio que nos queremos, tienes que seguir, olvídame…-pide ella que se va bajando las escalera de dos en dos, no ha cerrado la puerta, eso será para él. En una época, en un silencio, dos personas entendían que tendrían que volver a aprender a vivir y eso las ponía muy tristes.

sábado, 17 de noviembre de 2007

matiz

el barco se ve hundido
bob dylan a mi lado
no tú
y mis ganas de abrazarte se las lleva un kilómetro y un suspiro

no, es damasiado no pa digerirlo
con un te echo de menos adherido
quiéreme
o finge que me has querido

me duele el pezón izquierdo
ya sin ti
necesito y muero
si un no sigue manando de allí

hílame
uno a uno de mis recovecos
no te vayas
pero quedate,
para siempre
loco
pegadito a mi piel.

ese cuerpo
esas manos
y ese pincel
asonante y consonante,
si no me jodes
yo no sé que hacer.

no, no debe ya existir
pues
chico
vicio
jódeme
y no
no me faltes nunca.

lunes, 5 de noviembre de 2007

rescate

"te echo de menos

nada más"

y

nada menos



tambien pasaba por aquí

y me preguntaba, ¿qué coño hacemos?

herirnos

y a sobredosis tapar las heridas



se nos va la pinza, querido

y de paso

las entrañas



tendré que traerte a saltitos y besos

¿qué te pasa?

¿qué no vas a recuperarte?

¿qué no te levantarás cien veces más?,

habrá que solucionarlo

ya te contaré el secreto



tiro un te quiero a 290 kilometros (ma o meno)

para que llegue a tu ventana

mientras el dia amanece y voy a trabajar por las mañanas

y duermes

porque la noche se ha ido

y tu ya estás tranquilo

y yo



no desaprendas de amor

anda

que te despoje de ataduras

para dartelas después

y unirte un cacho de tierra y luna



casi no sé que paso ayer

también te quería

y tiraba en mi imaginación toda tu ropa por la ventana

y la mía de paso,

nada valía nada



Sí no andas prevenído entraré por tu ventan y te rescataré.

domingo, 28 de octubre de 2007

vida = difícil

Nos lo hacemos muy difícil
o nos lo hacen:
Te chillo, la mitad de las veces ni me doy cuenta
otras, con otros, me callo o hablo tan bajito que no importa nada de lo que sale por mi boca.

Quizá no estaba hecha para esto
quizá quiera
quizá me muera de ganas por pasar contigo por el lugar que me juré que no.

Viejos prejuicios, como eso de la penetración anal, como eso de drogarse, como todo eso para lo que me falto la voluntad de rechazar, esa por la que mi vida hubiese sido diferente, menos destructiva, pero no quise ser esa y la que soy, es una puta elección.
Libre, pero me pesa la vida, y fumo y me bebo una copa de ron, y escribo y me aclaro de un día de sombras, porque no sé más que otros y no sé hacer las cosas de forma que no tenga que llegar aquí, repostar y partir.
Me confieso, lo hago, me duele la cabeza y un día más la vigilia no es más que una empinada montaña, me analizo y yo no puedo ser la causa de tu desdicha, me cuesta de por si la vida para hacer un encargo de otro peso sobre tu espalda.
No me entiendes, ni quieres parte de esa libertad que me hace sonreír, eso de enseñar las bragas en el patio del colegio mirándote de reojo, no me miras,¿ para que voy a mirarte así? No me quieres y esto es una jodida muy jodida historia para ser la mala, para que me alejes y digas, que sí, que me quieres, que decida, que me cargue dos espaldas y sonría, mientras no tienes nada de eso para mí.

Estoy muy enfadada, nunca entendí de condiciones, de esperas, de promesas, sólo de fluir a ritmo de la marea, de los amigos, del amor a quemarropa, de pocas exigencias y muchas caladas de eso que tiene el primer porro después de un examen, de un día duro, de eso que tienen las reglas que no están escritas.
Perdona, te quiero
pero, quizá mi forma...
Sea escasa e incompleta,
desgastada y dura,
puede que tú no la quieras.
Te he visto la sonrisa
cuando cariño
yo no la tenía.

miércoles, 3 de octubre de 2007

cerca, no tanto

No llores, amor, no llores,
dime que no lo harás.

No tengo un porro que llevarme a la boca
fumar...
evadir...
matar lo que no rime con vivir,
mientras a kilómetros tú me lloras.
No
que me mate el ron que me está esperando en el congelador
que me maten mis mentiras
que no sea el sabor salado de lo imparable
que por una vez quiero ser infiel a todo lo que he sido
y llorarte por cobarde.

Sé,
sé que no sirve callarte,
intento averiguar que.

sábado, 25 de agosto de 2007

tragedia de un banco

Empezaba en un banco, allí estaban todos antes o después.
Pedro se ha pasado, Javi viene luego y Vero se ha ido, traerá de fumar, que ha suspendido y no sabe si va a seguir con el insti, Fran está demasiado pillado por ella y lo mismo se pone a currar pa sacarla de su casa. Jesús se marchó a Valencia y vendrá pa vacaciones, el banco pierde un miembro, menos mal que los demás seguimos, aquí parece que todo lo que cambia es sólo lo que está lejos.
He comido y he bajado corriendo a fumar el piti con Julia, lo hacemos desde hace poco, algunos no lo saben, desde este agosto que me enamoré de John y fumábamos tirados en la hierba y me explicaba donde estaba cada cosa, allí observando el universo y con el destello de más de una estrella fugaz. Se lo cuento a Julia, que es un año mayor y sus padres siempre la dejan hacer lo que quiere, sabe mucho y me gusta contarle todo lo que acabo de descubrir, le da una calada larga al Marlboro antes de decirme algo sabio y sólo se darle otra al Chester. A veces viene Javi y su primo, y nos tenemos que callar, pero luego vienen los demás, los que fuman y los que no, hablamos, jugamos a las cartas...
Tenemos claro que somos los del barrio, vienen de otros barrios, somos muy sociables y las noches de verano nos juntamos entre veinte y treinta, a veces la madre de Julio se queja del ruido, que no puede dormir, a Julio no le deja bajar por las noches y cuando la señora María no le ve, nos habla por la ventana y al del bote le chiva donde estamos, a nadie le importa, tarde o temprano te pillan y te toca el bote.
Falta una semana para el fin de las vacaciones, para todos los del banco también, a mi hermano y a mí nos toca volver a clase, mi padre y mi madre han empezado a trabajar, están muy pesados con que estudiemos, a él pa que se aplique algo y a mí pa que apruebe inglés y me examine de selectividad.
A las doce tengo que estar en casa, me despido de Julia, de Javi, de Vero y Fran, de Julio si está en la ventana, otros ya se han ido, a la una ya no quedará nadie. John me llama a las doce y cuarto, me da tiempo a ponerme el pijama, a coger un poco de cola y fumarme un cigarro a escondidas en mi cuarto. No sé cuando podré volver a ver a John, tengo que estudiar, él está a más de doscientos kilómetros, tiene 23 años, trabaja y esas cosas, y me tiemblan las piernas escuchándole por teléfono, le echo mucho de menos y me cuesta mucho concentrarme en los libros mientras pienso en lo mucho que le quiero, en lo que me duele a veces el pecho y en el poco significado que tienen las cosas ahora que le conozco. Y luego está el banco y que si apruebo, que más me vale, por mi madre y por las burlas de mi hermano si no lo hago, pero si lo hago, tendré que marcharme, me pasará como a Jesús que viene en puentes, vacaciones y eso, que siempre le tenemos que contar todo lo que ha pasado en un resumen, que a veces no lo entiende. Lo mismo en ese otro sitio que me toque ir no haya un banco tan conocido y no estará Julia y esa nueva costumbre que hemos adquirido de fumar juntas, John sabe todo esto, y con la mala suerte que tengo va a ser que me marché a más de doscientos kilómetros, y como estoy tan lejos él se enamora seguro de otra, y no vuelvo a ser capaz de querer a nadie como a él y me convierto en una fría mujer de negocios, practico la inseminación in vitro y tengo una hija a la que le pasa exactamente lo mismo.

Algunos los perdí, a otros sólo les sigo la pista muy de acá pa allá, no tengo una niña con inseminación in vitro, John me dejó, pero todavía me acuerdo de esos campos donde hacíamos el amor y me gustaría verle y darle las gracias, y contarle todo lo que le contaba antes y regresar a esos diecisiete años, al amor suicida, a los cuentos que pueden ser reales y a los que no.

Tragedia de un banco.

viernes, 17 de agosto de 2007

a pesar mí, perdóneme tua

¿Acaso no me conoces? Soy una veleta de emociones a prisión, tienes que apaciguarme y cobijarme cuando veas que no soy yo, tienes que atraparme cuando sea esa y tienes que quererme después de too.
No me dejes sola, no me dejes vos, te aguardo todas las noches entre la esperanza,
contigo
postre
conmigo
maldición.
No soy tan mala, despistada, olvidadiza y pasmada, a veces lo intento, a pesar del pasado, a pesar de los colores que me embadurnan, a pesar de hoy y de tú así.
Esta niña se baja las faldas, se postra, no es la mejor manera de conseguir tu falta de mirada pero hace tiempo que no sé escribir.

Te cambio el día por un beso.

miércoles, 15 de agosto de 2007

gotas

Quiero sentir las gotas de lluvia resbalándome por el hombro, quiero desnudarme ahora y correr, correr bien lejos, ver mi piel húmeda, sentirme doblemente húmeda y correr, adelantar un paso a setenta y cinco centímetros del anterior, gritar, a esos que me observan, que no hay mayor cadena que censurar a una chica, que deriva en gotas desnudas, si sólo intenta lavarse el corazón. Libre, algo cansada y obstinada, esa es la condición. Llorar hasta percibir la brisa secando tu cara, lo demás se humedece con el goce de gozar y olvido que perdí el cofre de mis sueños y a ti.

martes, 14 de agosto de 2007

en esto no estoy sola

Sólo me hace falta imaginar que lo que venden ahora en Lavapies es hachís desde que Galardón metió las perneras en la ciudad sin ley, y los moros entre tanto acoso y poco dinero te venden lo que sea a muy bien precio y muy malo. Sólo me falta imaginar que a las putas las hacen de plástico y Espejode lo que somos, la más puta, ya no quiere verlas allí,
¿Para cuando nuestra victoria?
El alquiler sube, los sueldos no, la gente es tan estúpida que se hipoteca para llenar los huevos de otros, esos que se los tocan tanto, mientras continúo escuchando las quejas de alguien que no tiene derecho a replica, y me subo más la silla, y este mundo me da asco ¿Qué me dices de los jóvenes? Que mientras vivan de papa, genial, que luego se suman a la protesta dominical ¡Esos moros nos quitan el trabajo! Me gusta ver dicha protesta desde la barrera sólo a la espera de cuando va a acabar, mientras me pregunto cuanto billetes y de que color son esos que se pasan por debajo de la trinchera.
No te engañes, no te unas, pero..., es tan difícil, el olor me recorre todo el cuerpo y los sábados quiero irme de compras, para curarme, para subsanar el mal fallo.
Capitalismo, egoísmo, miseria y crueldad. Dicen rescatar a unos africanos de la mar para repatriarlos a la muerte, ¿no ves tú que si un tío toma tal riesgo es porque ha pensado que quiere escapar de ella? No puede elegir porque otro ha considerado que más del suelo que pisa es suyo. Te dan la noticia y a otra cosa.
Me río de la lucha, de la poesía como único afán de reafirmarse en uno mismo, de los que te van contando películas y de los que les ríen las gracias, de ti, si te das por aludido, de la amiga que se considera buena gente y se preocupa de su amiga, si está mala y no puede salir el sábado por la noche, “perdona, los sábados me como las bocas que se me da la gana”, ya sé, perdona, que eres buena gente.

Perdona, pero es así.

lunes, 30 de julio de 2007

espejos

Para un mundo lleno de razones.
No me gustan las preguntas que tiro al aire, porque las repito y nadie viene a violarme con las consabidas partes de una fumeta, ni viene con tretas, ni expresa razones.
Por eso te enseño las tetas, no tengo más que enseñarte, me desnudo y que te follen, déjame escribir, como me sale, con los improperios que parece que no los dice una cobarde y una tía con tetas impone, pásame revista, dime que no valgo el millón de dolares.
Esto es un discurso de mí a tú para comerte los genitales y que te corras bien.
Me gustas, me sabes, me canso y escribo, es lo único que se hacer y para mi bien, me contesto, tú sí que sabes.
Pretendía matar los silencios huecos o el hablar por hablar, pero me rindo, que cada uno siga con sus gilipolleces, que si te valen, pues ande.
Grande, él es grande, en la distancia, no enfoques, mejor, continúa en el idealismo que pide revoluciones, no acerques la lupa, te avisé, de cerca todos somos unos comepollas a distintas escalas, menos mal que me enseñaron que la parte más placentera es el capullo y te lo como cariño, porque soy triste e incompleta.
Hoy he rellenado mi currículum, tres líneas:
Enseño las tetas
Como capullos
Y escribo lo que me da gana.

miércoles, 4 de julio de 2007

sin esto, na


mantenerse

Crecer.
La inocencia interrumpida por un no orgasmo.
No es tan fácil crecer y tampoco es fácil no hacerlo.
El abismo en el que juré no caer me persigue y estoy cansada de caminar con esta puta necesidad.
Si sólo fuera mía..., si fuera por la calle sin ver la misma sombra detrás de otra espalda, si creyera..., sí me dejarán no crecer...
Me gustaría oír a mi madre decirme: “Tú verás cuando vienes, pero a las dos te vas a levantar para sentarte a comer sin una legaña, tu verás...” Y la resaca era un gran plato de paella, enorme, que se atraganta con todas las copas de la noche.
Vida
Me has metido caña y te has parado haciendo me mirar atrás, es una putada pensar eso, como que antes eramos mejores y que ahora no lo somos. Estupida percepción del tiempo,
y sin embargo...
no me arrepiento de nada.

domingo, 17 de junio de 2007

cosas sencillas

Era un croquis
sencillo, (entonces todo lo era)
y ciertas palabras no se pronunciaban
al menos no, no con el sentido que debiera,
menos ayer que empecé y todavía que sigo.
Dime si no hay algo:
¿Entonces para qué dibujamos una chica en peligro?
Si no se trataba de salvarla.
No pudimos, sea por culpables, por verdugos
o invisibles vestidos de negro,
sea por una gota de lluvia que retraso
el amor de la chica que no pudo acudir a la cita,
sea por el fin sin principio,
sea o no por ti.
Me inventaré una guerra
pasando de canción
y me baño en litros de alcohol,
esperaré
como espero,
reflejarme de una vez
en un espejo
y verme guapa.
Guapa como cuando el camarero esperaba el chasquido de mis labios,
guapa como esa chica que sabía de ser guapa.

sábado, 14 de abril de 2007

sábado, 3 de marzo de 2007

contigo

Adoro tu pie
porque pisa mi angustia,
tu mano
porque toca la mía,
tu pene
porque me hace el amor,
tu cabeza
porque me folla,
Adoro tu pie, los dos,
porque estás encima.
"Contigo sí,
amor,
contigo
la vida,
la mía,
rima."

sábado, 24 de febrero de 2007